La difícil y apasionante gestión responsable

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En estos momentos en que la mar económica está tan revuelta (un poco menos que hace unos años), que algunas empresas naufragaron hace ya mucho tiempo, otras van inexorablemente a la deriva, y han sido unos pocos los que se han mantenido a flote en las turbulentas aguas de un mercado reducido, paranoico y despiadado,  los directores y gestores de pymes tienen delante de la mesa un escenario, que además de por las dificultades propias de la falta de actividad empresarial, se ha convertido más que nunca en una jungla de competencia feroz, y el “todo vale” se convierte en la bandera insignia de la estrategia de muchas empresas y organizaciones.

Todo gira y está contaminado de alguna manera por tres factores que son claves para entender el grado de dificultad a la hora de gestionar correctamente las empresas.

Por un lado, todos (y esto incluye evidentemente a las empresas) tenemos que pagar la factura del despilfarro y la mala gestión que durante muchos años nos han regalado nuestros miopes mandatarios y las todopoderosas y poco éticas entidades financieras, el resultado de esto ha sido la desinversión pública (menos contratos, menos infraestructuras, …) y la falta de liquidez de las administraciones públicas que repercuten y transmiten sin ningún rubor a la tesorería de las pymes, poniéndolas en el mejor de los casos entre la espada y la pared y en el peor de ellos en tener que abandonar el barco antes de que se hunda.

Por otro lado, el precio se ha convertido en el factor competitivo principal, los productos y servicios deben ser cuanto más baratos mejor, la calidad y el valor añadido desgraciadamente ha pasado a un segundo plano.

Y por último, la competencia se ha convertido en un monstruo sin escrúpulos cuya única misión es tener negocio a toda costa, no dudando, en el caso de que sea necesario en utilizar técnicas y actuaciones en algunos casos amorales y en otros ilegales a todos los niveles (calidad, fiscal, laboral, ….). No hablo de una competencia fuerte, ingeniosa, creativa o que tenga unos grandes criterios a la hora de reducir sus costes, hablo de aquella competencia (que ahora en los últimos años aflora de forma desesperada) que tiene en situación laboral fraudulenta a sus trabajadores, aquella que utiliza mil artimañas para engañar a los clientes, aquella que no paga impuestos,…; estrategias, en muchos casos de “pan para hoy y hambre para mañana” ya que las llevan a una rebaja de la calidad, de las condiciones de los trabajadores, de constante rotación de personal, futuras sanciones, etc..

Empresarios compitiendo

Ante este panorama ¿como gestionamos nuestras empresas? ¿debemos continuar gestionando responsablemente y luchando en desigualdad de condiciones y contracorriente hasta que finalmente el agotamiento nos lleve a tener que cerrar y dejar a muchos y buenos trabajadores en la calle y destruir un sueño?, o ¿nos rendimos a esta lucha desigual, y nos incorporamos al “todo vale” para sobrevivir?

El camino a seguir, aunque difícil, es sin duda la gestión responsable de la empresa teniendo en cuenta los diferentes grupos de interés implicados en nuestro día a día (colaboradores, trabajadores, proveedores, clientes, administración pública, competencia, …), ya que esta es, o por lo menos debería ser, la única forma de conseguir a medio y largo plazo nuestros objetivos  empresariales e incluso vitales.

Para esto, no nos podemos olvidar de la administración pública, ya que las autoridades deben garantizar que todos cumplamos las reglas del juego, y por supuesto de los diferentes actores sociales (consumidores, empresas, administración pública, …), que deben valorar a las empresas que gestionan con criterios de responsabilidad laboral, medioambiental, fiscal, social…, ya que esto a la larga va en beneficio de todos.

Por | 2017-11-07T09:59:16+00:00 noviembre 7th, 2017|Expansión, Negocios|0 Comentarios

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