Alimentos saludables y no tanto

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Seguramente seas una de las cada vez más numerosas personas que hacen de su salud un asunto principal en su vida. Posiblemente hagas, o te hayas planteado hacer, alguna actividad física regular que te permita mantenerte en forma, y muy probablemente te preocupes por lo que comes. A fin de cuentas, se dice que somos lo que comemos. Y esto no deja de ser una afirmación simple, pero biológicamente exacta.

Por eso nos preocupamos cada vez más de la calidad de los productos que consumimos, tanto nosotros como las personas cercanas. En consonancia con esta preocupación, los fabricantes de productos alimentarios intentan producir alimentos no sólo seguros, sino también saludables, diseñando de buena fe productos que nos aporten beneficios nutricionales. Desde alimentos bajos en grasas saturadas a alimentos cardiosaludables, o sin azúcares añadidos, o que ayudan a no engordar, o que mejoran tu piel, o que fortalecen nuestros huesos

Y esta proliferación de potenciales ventajas nutricionales ha llevado aparejada una multiplicación de términos saludables que, a veces, pueden llevar a la confusión más que a la información… Y por eso la legislación que regula esta y otra información sobre los alimentos que se suministra al consumidor ha tenido un enorme desarrollo en los últimos años.

El marco principal en materia de información que se debe suministra al consumidor de alimentos se concentra en el Reglamento europeo 1169/2011 de 25 de octubre de 2011, sobre la información alimentaria facilitada al consumidor (que puedes ver aquí). En este texto legal se establecen los requisitos que deben cumplir los alimentos en cuanto a la información que muestran, y afecta tanto a su composición, como a su etiquetado, a la información sobre alérgenos, y a otros muchos aspectos. En concreto, y en lo que nos aplica ahora, establece una premisa muy interesante que puede ser aplicable a las declaraciones saludables, ya que en su artículo 7 establece, entre otros aspectos que:

“La información alimentaria no inducirá a error, en particular:

  1. sobre las características del alimento y, en particular, sobre la naturaleza, identidad, cualidades, composición, cantidad, duración, país de origen o lugar de procedencia, y modo de fabricación o de obtención;
  2. al atribuir al alimento efectos o propiedades que no posee;
  3. al insinuar que el alimento posee características especiales, cuando, en realidad, todos los alimentos similares poseen esas mismas características, en particular poniendo especialmente de relieve la presencia o ausencia de determinados ingredientes o nutrientes.”

Alimentos saludables y no tanto

A este respecto las declaraciones saludables están reguladas desde antes en el Reglamento 432/2012 (que puedes ver aquí), en el que se especifican las declaraciones que está permitido incluir en el etiquetado de los alimentos, después de haber sido aprobadas por la Comisión Europea. Este Reglamento va creciendo con el tiempo y ha ido añadiendo declaraciones aprobadas en los últimos años, de manera que en la actualidad los fabricantes tienen una amplia variedad de modelos de declaraciones que están permitidas en los alimentos siempre, obviamente, que estén avaladas por evidencias científicas y analíticas demostrables. Cualquier otra declaración saludable que no se corresponda con estas, avaladas por la Comisión Europea, probablemente sea muy difícil de probar o sea falsa. Y en cualquier caso no se ajusta a la legalidad.

Si eres fabricante, antes de incluir una declaración saludable en un tu producto, debes asegurarte que puedes usarla y disponer de evidencias de que tu producto la cumple. Y si sólo eres consumidor/a, cuando leas una declaración saludable simplemente pon en marcha tu espíritu crítico…

Por cierto, puedes encontrar más información al respecto en la página de AECOSAN, que es la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, pinchando aquí.

Por | 2017-11-17T08:31:07+00:00 noviembre 17th, 2017|Calidad, Negocios, Seguridad Alimentaria|0 Comentarios

Acerca del Autor:

Biólogo de formación y consultor de profesión, trabajo en la aplicación de mejoras en la gestión de las empresas, principalmente en el ámbito de los alimentos. En Cinde soy el responsable del área de seguridad alimentaria, y trabajo en el desarrollo e implementación de sistemas y soluciones empresariales para el aseguramiento de la inocuidad de los alimentos de acuerdo con estándares y protocolos internacionales.

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