En las últimas semanas estamos inmersos en una situación que hace poco era, simplemente, imposible de imaginar. La irrupción en nuestras vidas del SARS-CoV-2 y la enfermedad que este virus causa, la COVID-19, ha provocado una gran conmoción en las sociedades de todo el mundo. Las consecuencias para la salud y la enorme pérdida de vidas humanas son, sin duda, los aspectos más tristes y dolorosos, pero también las consecuencias económicas han sido y serán graves y, en una escala menor pero también importante, nuestras rutinas ya no son, ni probablemente serán, las mismas.

Nos hemos visto afectados a escala global y personal en todos los ámbitos incluido, por supuesto, el modo en que gestionamos nuestras empresas, lo que ha supuesto desde una paralización total en el peor de los casos, hasta una actividad más o menos normal pero restringida y aplicando estrictas medidas de prevención y planes de contingencia muy exigentes, para garantizar que la actividad se puede mantener asegurando la salud del personal y la capacidad de producción.

Afortunadamente, esta situación no va a durar para siempre, y debemos ir preparando la vuelta a una actividad lo más normalizada posible. En este próximo escenario que se nos presenta en el medio plazo debemos ser capaces no solo de seguir garantizando la seguridad de nuestro personal, nuestros clientes y nuestros productos, sino también generando confianza en un mercado que, sin duda, será más cauteloso y exigente. El riesgo de relajar las medidas preventivas en una situación de aparente menor riesgo dentro de unos meses es real, y los costes económicos y humanos de no gestionar correctamente ese riesgo probablemente sean inasumibles. Se hace necesario, por tanto, prever con antelación cómo queremos trabajar para hacerlo en condiciones de seguridad.

El diseño de planes de contingencia eficientes y de protocolos de higiene es una de las mejores herramientas que podemos utilizar en nuestras organizaciones para aprender a desempeñarnos de un modo seguro mediante adaptaciones en nuestro trabajo que vayan desde el diseño del puesto, el teletrabajo, los flujos de las operaciones, los comportamientos sociales en la empresa, las medidas de prevención de riesgos, hasta la optimización de los recursos tecnológicos, por ejemplo. Todo ello para prevenir los daños a las personas, minimizar el daño económico y dar confianza a nuestros clientes y a la sociedad en general de que nuestra empresa hace todo lo posible para eliminar el riesgo, para garantizar que estamos “libres de COVID-19”, por expresarlo con sencillez.

 

Ya están surgiendo en el ámbito empresarial modelos de trabajo que facilitan esta vuelta a la normalidad sin riesgos, algunos de ellos desarrollados por entidades de certificación, lo que permite a la empresa que una entidad externa e independiente avale las prácticas de las organizaciones frente a la COVID-19. Pero también es posible diseñar escenarios individualizados que se adapten de una manera absoluta a las características propias de cada negocio.

Tanto si se trata de implantar un modelo normalizado, como si hablamos de diseñar un protocolo a medida en tu empresa, en Cinde podemos ayudarte a afrontar esta próxima nueva etapa de un modo lo más sencillo y seguro posible, para que todo salga bien.